• Posee y puede demostrar unos sólidos conocimientos en las ciencias del ejercicio. Y no nos olvidemos de que el conocimiento no lo es todo: sin una buena base práctica de aplicación tampoco será capaz de asesorarte correctamente. No dudes en pedir las referencias del entrenador antes de contratarle o adquirir un bono.
• Mantiene toda la información que le das en la más absoluta confidencialidad.
• No intenta venderte continuamente productos en los queél se lleva un porcentaje de los beneficios.
• Es un ejemplo a seguir pero no te apabulla con sus logros.
• Medidas de seguridad: tiene una titulación vigente en primeros auxilios y se preocupa por reciclarse.
• Sus sesiones siempre están perfectamente planificadas, pero es capaz de modificarlas si así lo requiere tu situación personal.
• Te realiza una valoración inicial para determinar tu estado de forma así como los posibles riesgos que, debido a tu condición física o historial médico, puedan derivarse de la práctica de determinada actividad física.
• Respeta su campo de trabajo y sabe dónde puede llegar (no receta dietas, no diagnostica enfermedades, no rehabilita sin el alta médica…) .
• Cumple los objetivos previstos de forma realista, no intenta engañarte ni camelarte con falsas expectativas o entrenamientos que no te conducen a los resultados que tú esperas.
• Es un entrenador formador y orientador: no se limita a ayudarte durante el entrenamiento, intenta que aprendas y saques lo mejor de ti mismo.
• Tiene experiencia en el sector y experiencia en trabajar tu objetivo concreto.
• Y por supuesto, cumple con todas aquellas normas no escritas que siempre deberían cumplirse en cualquier servicio entre personas: es puntual, mantiene las debidas medidas de higiene tanto en su cuidado personal como en el contacto físico que mantiene contigo, sabe adaptar su vocabulario a tus necesidades, demuestra ilusión por su trabajo e intenta motivarte. En definitiva: intenta ofrecerte en todo momento el mejor servicio que es capaz de realizar.